Ejercicios para estimular tu creatividad

09/03/2018

¿Cuántas veces te han faltado ideas? ¿Cuántas has tenido una idea en la cabeza, pero no te han salido las palabras?

Nos pasa a todas. Las horas corren y los minutos, a veces, se hacen eternos. Mil tareas requieren nuestro tiempo. Ese que necesitamos para sentarnos, pensar y empezar a escribir.

¿Y si te dijera que puedes ir a tiro hecho? Mola, ¿verdad?

Bien, pues hoy vamos por faena. Hoy te traigo 3 ejercicios para estimular tu creatividad. Son ejercicios que deben hacerse casi sin pensar. Casi de forma automática en plan «escribe sin pensar y lo más rápido que puedas».

A escribir se aprende escribiendo y a desbloquearse, también.

Ya sabes, cuando a tu imaginación le falte ese empujoncito cariñoso, dedica 5-10 minutos, escoge uno y empieza a escribir.

 

Tu mejor cita

 

Todas tenemos un gran día en la cabeza. Con quién fuimos, qué hicimos y qué pasó. Si ahora mismo no caes, invéntatela (todas tenemos una cita idealizada en la cabeza que nos encantaría que se hiciera realidad).

Bien, cuando la tengas, quiero que la pintes con palabras. Que no te cohíbas. Que disfrutes.

Quiero que expliques con todo lujo de detalles quién estaba contigo, dónde fuisteis, qué pasó, cómo te sentiste, qué viste… Todo.

Da igual lo que te venga a la cabeza. Puede ser una aventura por la selva, una cita romántica a la luz de las velas o una visita a un parque de atracciones. Submarinismo, escalada o un baño de espuma con una copita de vino.

No importa. Lo que importa es que experimentes ahora todo lo que sentirías en esa cita.

Llévalo a los cinco sentidos. Métete dentro de tu cabeza y saca todo lo que venga: qué veías, qué sonidos se escuchaban, lo bien que sabía la comida y a qué te recordaba, qué notabas en tu piel y los olores que experimentaste.

Y después, empieza con las emociones: ¿te sentías en una nube? ¿A punto de estallar de los nervios? ¿Miedo? ¿Amor?

Todo.

Exprésate sin miedo (este es un ejercicio que no va a leer nadie, recuerda que es solo para que te sueltes).

 

Encuentra la historia en la mente de tu cliente

 

A estas alturas, como mínimo, tienes que tener una idea sobre tu cliente ideal. ¿Qué te parece si te metes en su cabeza y pasas a palabras su historia para ponerte en su piel y sentir cómo siente para comprender sus problemas?

Piensa en él.  Solo en él. Olvida tu historia, tus motivos y tus servicios o productos. Este ejercicio no va de ti (bueno, siendo sinceros, tu negocio también va de él, pero de eso hablaremos otro día).

Quiero que te sumerjas en su mente, que bucees entre sus pensamientos y que llegues lo más profundo que puedas. (De esta manera, podrás hablarle desde su punto de vista y eso te ayudará a generar confianza).

Bien, empieza escribiendo qué piensa, cómo es su vida, qué hace o deja de hacer y cómo se siente al respecto.

Quiero que escribas cómo le afectan los problemas que se encuentra (todos, no solo los relacionados contigo), qué se le pasa por la cabeza cuando le surgen esos problemas y cómo intenta solucionarlos.

Y ahora, quiero que cambies la dirección de la historia. Vas a pasar todo lo negativo a positivo. Vas a ayudarlo a solucionar sus problemas. Vas a encontrar ese punto de unión entre lo que le pasa y tu solución.

Quiero que conectes, que sientas cómo él siente y que se lo digas. Quiero que lo ayudes a ver su situación desde un nuevo prisma.

 

Haz lo contrario de lo que te dicen

 

Este último ejercicio de hoy es superdivertido.

Estás harta de leer «habla desde el punto de vista de tu cliente», «no hables solo de características», «habla de beneficios reales», «no exageres», «muerte a los clichés»… En fin, ya te haces una idea.

Pues ahora quiero que cojas todo eso y lo pases por la trituradora (pero solo para este ejercicio porque todo lo anterior sigue vigente -así, como apunte- jajaja).

Bien. Ahora te toca escribir el peor texto que puedas escribir.

Por ejemplo, si lo que estás intentando es escribir el sobre mí, empieza con un titular que te deje por las nubes y sigue hablando de ti. Da rienda suelta a tu ego. Poténcialo.

Di que eres la mejor de las mejores haciendo lo que haces, carga tu historia de títulos o experiencia, olvida a tu cliente y cuenta todas las chorradas que se te ocurran aunque no tengan nada que ver con tu negocio.

Si lo que estás intentando escribir es una página de venta, exagera todos los beneficios hasta hacerlos irreales e infumables, carga el texto de características y promete el paraíso, si hace falta.

Trabajar contigo es la única opción posible, si no quieren acabar en la ruina. Haz que se enteren.

(Exagerada, María, se te ha ido la olla. Pero no, cuando acabes ese texto tan… diferente, reléelo, puede que saques varias ideas que puedas traspasar a tu texto real haciendo algunos apaños).

 

Si no puedes con tu enemigo, únete a él

 

Como conclusión, puede que suene extraño, pero es a la que yo he llegado. Verás:

  • Si no te salen las palabras para escribir una historia, empieza explicando una historia tuya para que empiecen a fluir las descripciones, las emociones y las experiencias.
  • Si no consigues ponerte en la piel de tu cliente, cuando tienes que hacerlo, hazlo sin venir a cuento y permítete divagar sobre el papel sobre todo lo que imaginas.
  • Si te bloqueas al intentar redactar un texto como se supone que debes hacerlo, haz todo lo contrario para hacer el proceso más divertido y desbloquear las ideas que recorren tu cabeza.

 

¿Qué me dices? ¿Hay alguno que te haya llamado la atención? Cuéntamelo todo en los comentarios.

 

 

 

 

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